El árbol.

Se ensanchan mis raíces aunque crecen ancladas a las piedras. Abro mis pulmones y respiro hasta que el oxígeno llega a mis manos que cierro en puños contra mi tronco. Cada vez me siento más débil y putrefacta por dentro. Me exijo cada día lo máximo cuando desaparece la noche y piso la tierra, pero la verdad es que la realidad dónde yo habito es otra muy distinta.

No sé si es depresión esta mierda que no se quiere ir de mi lado.

No sé si soy cada vez más fuerte porque aún me mantengo en pie después de tanto tiempo.

No sé porqué a cada instante, me aprieta este vacío mi puto estómago y mi cuerpo grita, pero no lo entiendo.

Me he cortado las raíces miles de veces pero siguen regenerándose. Quizás estén alimentándose de algún vestigio de esperanza que han encontrado al fondo mis entrañas. No lo sé.

Aún así me mantienen con vida.

Me voy apagando.

Ya.

Casi.

No.

Puedo.

Respirar.

 

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